sábado, 10 de noviembre de 2007

¿Las zanahorias y las nueces de Brasil son más peligrosas que los suplementos vitamínicos?

Una pregunta para la Comisión Europea:
¿Las zanahorias y las nueces de Brasil son más peligrosas que los suplementos vitamínicos?

La Comisión Europea está trabajando en definir unos métodos para fijar los niveles máximos de vitaminas y minerales de los suplementos alimenticios. Aunque desde la Comisión se argumenta que se va a seguir un método científico para lograrlo, lo cierto es que el nivel máximo de betacaroteno puede quedar fijado en cantidades inferiores de las que contendrían dos zanahorias y el nivel máximo de selenio podría estar por debajo de la cantidad que contienen tan solo dos nueces de Brasil. La británica Alliance for Natural Health (ANH, Alianza para la salud natural) ha redactado un manifiesto impresionante que resalta estas y otras incongruencias y reclama a la Comisión que revise sus métodos. Asimismo, propone ciertos requisitos necesarios para desarrollar un método nuevo y científicamente válido.
 
Sin embargo, cabe preguntarse si la Comisión está dispuesta a escuchar o si va a empezar una gran campaña en la que se desaconseje totalmente el consumo de zanahorias y nueces de Brasil…
 
El documento de la ANH es, desde luego, un manifiesto muy razonable y bien argumentado. Parte del presupuesto de que la fijación de esos niveles máximos estará determinada por las presiones de las «partes interesadas» dentro de la industria (se refiere a la industria farmacéutica, un negocio multimillonario) y de «procesos políticos» (es decir, el apoyo de la Unión Europea al «negocio con las enfermedades», que viene ya de largo) y concluye que la mejor forma de desarrollar una solución más adecuada sería confiar la tarea a una universidad, donde el trabajo se desarrollara en un entorno académico e independiente.
 
En nuestra opinión, su propuesta es excelente. Después de todo, cualquier observador razonable que haya visto cómo la Comisión Europea ha ido desarrollando su metodología de reglamentación de los suplementos alimenticios en los últimos años, tiene que sentirse espectador de un auténtico «teatro del absurdo». Es obvio que los ciudadanos europeos no se están muriendo por sobredosis de suplementos alimenticios. De hecho, hay evidencias claras de que en toda la Unión Europea se padecen graves deficiencias de vitaminas y minerales. Por este motivo, si el debate sobre el establecimiento de unos niveles máximos sigue determinado por la propaganda extremista y alarmista que rechaza de plano los suplementos, en lugar de proteger a los consumidores, los niveles máximos que se fijen acabarán perjudicando sin duda su salud.
 
Aunque en 2002 la Comisión afirmó que su objetivo no era prohibir los suplementos alimenticios y que el interés de los consumidores era su máxima preocupación, el reciente informe orientativo ha revelado que las decisiones sobre los niveles máximos en los suplementos alimenticios «no tendrán solo un fundamento científico, sino que deberán también tener en cuenta las prácticas de los mercados.» Es más, el documento establece que la identificación de estas prácticas requiere un «debate con las partes interesadas dentro de la industria».
 
Dicho de otro modo, el proceso que ha favorecido la Comisión para establecer unos niveles máximos no superaría un análisis científico y la industria farmacéutica tendrá, casi con toda certeza, un papel en el debate.
 
No debe sorprender, por tanto, que el método que emplea la Comisión para la reglamentación sobre suplementos alimenticios esté siendo objeto de críticas. Aunque haya personas, como el antiguo director de la industria farmacéutica, Gert Krabichler, que crean que la Comisión Europea ha ido avanzando con cuidado y transparencia en la creación de esta reglamentación, nuestra opinión es que, si el extremismo se impone, los niveles máximos podrían resultar legalmente cuestionables.
 
Y no nos referimos exclusivamente a los niveles de betacaroteno y selenio.
Otro ejemplo es la posición oficial de la Comisión sobre el nivel de ingesta máximo de ácido nicotínico (vitamina B3), que fija en apenas 10 mg. Por otra parte, la cantidad diaria recomendada (CDR) de vitamina B3 por la propia Unión Europea es de 18 mg, y aún así es una cantidad escasa. Por tanto, es fácil suponer que cualquier argumento legal empleado para defender esta incongruencia ante un tribunal tendría que ser ridículamente enrevesado.
 
Resumiendo: estamos totalmente de acuerdo con la ANH en que el método propuesto por la Comisión para fijar unos niveles máximos no tiene base científica adecuada y en que hay que cambiarlo radicalmente.
 
Para leer la nota de prensa de la Alliance for Natural Health, haga clic aquí.
Para leer el manifiesto de la Alliance for Natural Health, haga clic aquí.


AHANAOA A. C.
Lic. Nut. Miguel Leopoldo Alvarado Saldana
Fundador y presidente.

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